Los ojos de Renata. Anécdota de una paciente superviviente

María Jesús Martín González

Resumen

Renata había sido doblemente mastectomizada. Las heridas quirúrgicas habían cicatrizado, ya no tenía los puntos de sutura, sin embargo, las cicatrices aún tenían ese color rosáceo típico de las heridas que llevan poco tiempo cerradas. Ese color “rosa vulnerable”. Tres veces fueron los intentos de querer marcharse, tres los amagos de partida y en las tres ocasiones le salvaron la vida aquella misma tarde, en un intervalo de dos o tres horas. La ausencia de pechos en Renata, así como su alopecia secundaria a la quimioterapia y los recientes tatuajes por causa de las quemaduras de las palas del desfibrilador, justo en el lugar donde se encontraban aquellas heridas rosas, daban a Renata un aspecto andrógino desconcertante, grotesco. ¿Podríamos contarle alguna vez que había estado a punto de …irse…, tres…, veces? ¿Podríamos decirle alguna vez con algunas risas que era una mujer muy teimosa, muy obstinada?

Palabras clave

Fenomenología; Cáncer de mama; Autoimagen; UCI; Supervivencia

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DOI: https://doi.org/10.14198/cuid.2017.48.08





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